La eficiencia energética, los subsidios y la electrificación se convierten en herramientas de respuesta ante la disrupción de los mercados de petróleo y gas
La crisis energética provocada por la guerra en Irán y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz está obligando a gobiernos de todo el mundo a modificar sus políticas energéticas. Más de 115 países han adoptado medidas para reducir el impacto de la interrupción del suministro, entre ellas programas de conservación de energía, mecanismos de apoyo a los precios y cambios estructurales orientados a disminuir el consumo de combustibles fósiles.
El dato fue presentado el 4 de agosto por Jérôme Bilodeau, responsable de análisis de Eficiencia Energética y Transiciones Inclusivas de la Agencia Internacional de Energía (AIE), durante el seminario Navigating the Strait of Hormuz Energy Crisis: Trends and Variety Across Global Policy Responses, organizado por el Center for Strategic and International Studies (CSIS).
Bilodeau advirtió que las medidas enfocadas en la demanda no pueden compensar por sí solas el enorme volumen de hidrocarburos que normalmente transita por Ormuz, pero sí pueden reducir la presión sobre los mercados y moderar el impacto de la crisis.
La AIE ya había señalado en abril que la interrupción efectiva del estrecho había provocado uno de los mayores shocks de suministro de petróleo de la historia del mercado, con efectos adicionales sobre el gas natural y otras materias primas energéticas.
Tres frentes de respuesta
De acuerdo con el seguimiento realizado por la AIE, 58 gobiernos han implementado medidas de conservación energética desde el inicio de la guerra.
Las acciones se han concentrado principalmente en reducir el consumo de petróleo. Entre ellas destacan:
- Reducción del uso de combustibles en el transporte privado.
- Promoción del teletrabajo y el estudio desde casa.
- Disminución de los viajes oficiales de los gobiernos.
- Ajustes en las temperaturas de los sistemas de refrigeración.
- Programas para elevar la eficiencia en edificios y transporte.
Un segundo grupo, integrado por 94 gobiernos, ha recurrido a mecanismos de apoyo a los precios para contener el impacto sobre hogares y empresas.
Estas medidas incluyen topes de precios, subsidios a combustibles y estímulos fiscales. Japón y Corea del Sur son ejemplos de economías que han utilizado este tipo de herramientas para amortiguar el incremento de los costos energéticos.
El tercer frente corresponde a las políticas estructurales. Al menos 30 gobiernos han anunciado medidas destinadas a reducir el consumo de combustibles en el largo plazo, mediante programas de eficiencia energética, electrificación e incentivos para las energías renovables.
Vietnam, por ejemplo, redujo los impuestos aplicables a vehículos eléctricos, mientras que India está impulsando el uso de cocinas eléctricas.
Asia marca el paso hacia la electrificación
La respuesta internacional no ha sido homogénea. Según Bilodeau, los países asiáticos fueron los primeros en modificar sus políticas, desde marzo, ante el impacto de la crisis energética.
El proceso comenzó principalmente en India y el Sudeste Asiático y posteriormente se extendió hacia otras regiones, describió el funcionario de la AIE durante el seminario del CSIS.
La tendencia es relevante porque muestra que una crisis de suministro de hidrocarburos puede acelerar decisiones que, en condiciones normales, forman parte de estrategias de transición energética de largo plazo.
La electrificación del transporte es uno de los ejemplos más claros.
Durante el primer trimestre de 2026, las ventas de vehículos eléctricos aumentaron de manera significativa frente al mismo periodo de 2025 en varios mercados asiáticos. La presentación analizada durante el seminario reportó incrementos de 65% en India, 150% en Corea del Sur y 80% en el Sudeste Asiático.
El comportamiento europeo también muestra una aceleración en tecnologías destinadas a sustituir combustibles fósiles. Las ventas de bombas de calor crecieron durante el primer trimestre en mercados como Alemania y Francia; datos de la industria europea reportados este año apuntan a incrementos de alrededor de 34% y 21%, respectivamente.
La eficiencia energética gana peso estratégico
El elemento común entre las diferentes respuestas gubernamentales es que la eficiencia energética dejó de ser solamente una política ambiental para convertirse en una herramienta de seguridad energética.
Reducir el consumo de petróleo, gas y electricidad permite disminuir la exposición de las economías a los precios internacionales y, al mismo tiempo, libera recursos energéticos para sectores considerados prioritarios.
En este contexto, la electrificación adquiere una importancia adicional. Sustituir petróleo y gas por electricidad no elimina automáticamente la vulnerabilidad energética, pero puede reducirla cuando esa electricidad se genera mediante fuentes diversificadas, renovables, nuclear o sistemas de generación doméstica.
La crisis de Ormuz, por tanto, está colocando nuevamente en el centro del debate la necesidad de contar con matrices energéticas más diversificadas y sistemas eléctricos capaces de absorber una mayor electrificación de la demanda.
La demanda mundial de combustibles también se ajusta
El impacto sobre el consumo mundial comienza a reflejarse en las estimaciones del mercado.
De acuerdo con las cifras citadas en el análisis, la demanda mundial de combustibles líquidos habría descendido a 99.2 millones de barriles diarios en mayo de 2026, frente a 105.1 millones de barriles diarios registrados en mayo de 2025.
Para julio, las cifras reportadas apuntan a una demanda de 102.5 millones de barriles diarios, frente a 107.3 millones de barriles diarios en julio de 2025.
El comportamiento debe analizarse con cautela, porque la demanda petrolera mundial responde simultáneamente a factores económicos, precios, actividad industrial, transporte y cambios estacionales. Sin embargo, la comparación interanual muestra una reducción relevante en el consumo de combustibles líquidos.
Gas natural: otra zona de presión
Aunque buena parte de las políticas monitoreadas por la AIE están relacionadas con el petróleo, la crisis también está modificando las estrategias de consumo de gas natural.
Japón, por ejemplo, ha utilizado subsidios para electricidad y gas natural, mientras que India ha establecido límites al consumo industrial de gas.
La presión sobre el gas resulta particularmente importante para los países asiáticos con una elevada dependencia de las importaciones de gas natural licuado (GNL). La propia CSIS ha advertido que la crisis de Ormuz ha restringido la oferta global de GNL y elevado sus precios, incrementando el interés por otras fuentes de generación, incluida la energía nuclear en el noreste asiático.
¿Crisis temporal o cambio estructural?
La principal interrogante para los mercados energéticos es si estas medidas desaparecerán una vez que disminuya la tensión geopolítica o si, por el contrario, se convertirán en políticas permanentes.
Los subsidios y controles de precios pueden funcionar como mecanismos de emergencia, pero tienen un costo fiscal y no necesariamente modifican los patrones de consumo.
La eficiencia energética, la electrificación, las energías renovables y el desarrollo de infraestructura eléctrica tienen un efecto diferente: modifican estructuralmente la forma en que las economías consumen energía.
Por ello, la crisis de Ormuz podría terminar acelerando una transformación que ya estaba en marcha.
El mensaje de la AIE es claro: la reducción de la demanda no puede sustituir de inmediato los millones de barriles y grandes volúmenes de gas que normalmente atraviesan el estrecho. Sin embargo, cada barril de petróleo que deja de consumirse, cada proceso que mejora su eficiencia y cada vehículo que se electrifica reduce la exposición de una economía a una interrupción futura del suministro.
Para los países importadores de energía, la lección trasciende la coyuntura de Irán y Ormuz: la seguridad energética ya no depende únicamente de garantizar el suministro, sino también de consumir menos, diversificar las fuentes y acelerar la electrificación.
Números relevantes
115+ países han adoptado medidas de respuesta energética ante la crisis de Ormuz.
58 gobiernos implementaron acciones de conservación de energía.
94 gobiernos aplicaron mecanismos de apoyo a los precios.
30 gobiernos anunciaron políticas estructurales para reducir el consumo de combustibles.
65% aumentaron las ventas de vehículos eléctricos en India durante el primer trimestre de 2026, de acuerdo con la presentación analizada durante el seminario.
150% crecieron las ventas de vehículos eléctricos en Corea del Sur.
80% aumentaron las ventas de vehículos eléctricos en el Sudeste Asiático.
102.5 millones de barriles diarios fue la demanda mundial de combustibles líquidos estimada para julio de 2026, frente a 107.3 millones de barriles diarios un año antes.
Fuente de contexto: AIE y CSIS. El seminario del 4 de agosto puede consultarse en CSIS — Navigating the Strait of Hormuz Energy Crisis y el análisis previo de la AIE sobre las medidas de respuesta de los gobiernos en AIE — How governments can best support consumers during this energy crisis.
Sugerencia editorial para Factor Energético: el ángulo más potente de esta nota es “Ormuz acelera la transición energética”, más que presentar el tema únicamente como una crisis petrolera. Permite conectar petróleo, gas, electricidad, movilidad eléctrica, eficiencia energética y renovables, y abre además una segunda nota específicamente sobre qué significa este cambio para México.




















