Ciudad de México, junio de 2026.- Las lluvias intensas registradas en los últimos días en la Zona Metropolitana del Valle de México volvieron a poner sobre la mesa un desafío cotidiano para millones de personas: trasladarse hacia sus centros de trabajo en ciudades donde la movilidad enfrenta cada vez más presión.
Inundaciones, cierres viales, saturación del transporte público y modificaciones en los tiempos de traslado han demostrado que la forma en que trabajamos también está relacionada con la manera en que nos movemos por la ciudad. Ante estos escenarios, el trabajo flexible ha comenzado a tomar un nuevo significado: más allá de ser una preferencia laboral, representa una herramienta de adaptación frente a las condiciones urbanas actuales.
De acuerdo con el estudio “Retos y perspectivas del trabajo” de WeWork, el 42% de los trabajadores mexicanos recorre entre 10 y 50 kilómetros para llegar a su empleo, mientras que el 31% realiza trayectos de entre 3 y 10 kilómetros. Estos desplazamientos representan una inversión considerable de tiempo diario y tienen efectos en la movilidad urbana.
Además, el estudio revela que el 49% de los mexicanos utiliza automóvil particular para llegar a su lugar de trabajo, mientras que el 34% depende del transporte público; dentro de este grupo, el 17% utiliza aplicaciones de movilidad para completar sus trayectos. La combinación de largos recorridos y alta concentración de viajes genera mayores retos cuando fenómenos climáticos o ambientales afectan la circulación.
En este contexto, distintas empresas han comenzado a replantear el papel de la presencialidad. La conversación ya no se limita a elegir entre oficina o casa, sino a construir modelos que permitan mantener la colaboración, la productividad y la conexión entre equipos, al mismo tiempo que ofrecen alternativas ante situaciones externas.
















