Ciudad de México, 28 de mayo de 2026.- La industria mexicana se encuentra en un punto crítico donde debe producir más y operar con mayor continuidad, pero reduciendo su huella ambiental. La urgencia es evidente al mirar las cifras de la Agencia Internacional de Energía quien señala que en solo tres décadas, el consumo eléctrico del país se disparó más de un 240%, pasando de 99.5 TWh en 1990 a 338.4 TWh en 2021.
En este contexto, para los sectores donde la energía es crítica si quieren mantener procesos activos, la descarbonización (reducción de emisiones asociadas a la operación) ha dejado de depender únicamente de consumir menos electricidad y empieza a requerir una gestión más inteligente, flexible y eficiente de la energía.
Es por esto que las microrredes comienzan a posicionarse como una alternativa relevante para empresas que necesitan eficiencia, resiliencia energética y reducción de emisiones, pues a diferencia de un esquema tradicional, estas soluciones permiten operar como una red eléctrica local, capaz de integrar generación, almacenamiento y administración de energía en una misma instalación.
Básicamente, una microrred permite que una planta, complejo industrial, centro logístico o instalación crítica pueda producir parte de su propia energía, almacenarla y utilizarla de acuerdo con sus necesidades. Además, puede funcionar conectada a la red eléctrica o en modo independiente, también conocido como modo isla, cuando se requiere mantener la operación ante interrupciones o variaciones en el suministro.
Este modelo funciona como respuesta para empresas que necesitan mayor control de su consumo energético, pues las microrredes pueden ayudar a optimizar el uso de energía, reducir pérdidas, incorporar fuentes renovables como paneles solares y utilizar sistemas de baterías para almacenar energía, lo que permite aprovechar mejor la energía disponible y disminuir la dependencia de esquemas únicos como la conexión a la acometida.
En industrias donde una interrupción eléctrica puede provocar pérdidas operativas, retrasos o afectaciones a la producción, contar con este tipo de infraestructura puede marcar una diferencia importante, al ofrecer una capa adicional de control, respaldo y capacidad de respuesta. Si bien las microrredes no sustituyen la necesidad de una red eléctrica robusta, sí pueden complementar la infraestructura existente y fortalecer la operación de sitios estratégicos.
“Hoy las empresas necesitan mayor control sobre cómo generan, almacenan y consumen energía. Soluciones como EcoStruxure™ Microgrid Operation permiten conectar, monitorear y optimizar recursos energéticos distribuidos, lo que contribuye a fortalecer la continuidad operativa, la eficiencia y la descarbonización de las operaciones”, señaló Daniela Rivas, VP de Power Products/Systems de Schneider Electric México & Centroamérica.
La aplicación de estos componentes puede ser relevante para distintos tipos de usuarios, desde instalaciones industriales y centros logísticos, hasta infraestructura crítica, aeropuertos, bases operativas, gobiernos municipales o espacios con acceso limitado a energía. Al acercar la generación y la gestión energética al punto donde se consume, cada una de estas organizaciones pueden tener mayor visibilidad sobre su operación y responder con más flexibilidad a sus necesidades reales de energía.
Por su parte, para la descarbonización industrial, el valor de las microrredes está en que permiten pasar de un consumo pasivo a una gestión activa de la energía, gracias a recursos energéticos distribuidos, almacenamiento y herramientas digitales, las empresas pueden monitorear su desempeño energético, anticipar necesidades de demanda y tomar decisiones más precisas sobre cuándo consumir, almacenar o distribuir energía.
En resumen, para las empresas, la descarbonización no depende de una sola tecnología, sino de la capacidad de combinar eficiencia, electrificación, digitalización y nuevas formas de administrar la energía, las microrredes
En un momento en el que México busca fortalecer su infraestructura energética y responder a mayores exigencias de competitividad, las alternativas al suministro tradicional comienzan a ser más atractivas para las empresas, esto implica avanzar hacia modelos energéticos más flexibles, descentralizados y preparados para operar con mayor eficiencia en un entorno de alta demanda eléctrica y presión por reducir emisiones.



















