Por José Alberto Llavot,
Gerente de Preventa y Desarrollador de Negocios en Schneider Electric para México y Centroamérica.
México avanza hacia una infraestructura eléctrica más digital y distribuida. En 2024, el 73.6% de los hogares en México cuenta con acceso a internet. Esta conectividad masiva habilita servicios energéticos inteligentes —desde la medición avanzada hasta el monitoreo en tiempo real— que exigen redes eléctricas capaces de dialogar con millones de dispositivos. Las entidades con mayor penetración digital son Ciudad de México, Sonora y Nuevo León, mientras que estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas aún enfrentan retos de acceso.
A la par, los desafíos del sistema crecen: el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional PRODESEN 2024–2038 proyecta un incremento anual de 2.6% en la demanda y estima que, para 2038, 35% de la capacidad instalada provendrá de solar y eólica. La variabilidad de estas fuentes —con picos solares alrededor del mediodía y picos de consumo vespertinos— obliga a modernizar la red y a desplegar almacenamiento de energía para suavizar intermitencias y reducir congestiones.
¿Por qué importan las redes inteligentes?
Las redes inteligentes (smart grids) integran sensores, comunicaciones y software para planear, operar y mantener la red con datos en tiempo real. En la práctica, eso se traduce en:
Gestión de operaciones: visibilidad de fallas, maniobras y restauración más rápida ante eventos climáticos o picos de demanda.
Gestión de activos: mantenimiento basado en condición y priorización por riesgo para evitar interrupciones.
Gestión en el borde de la red: integración de DER (generación distribuida, prosumidores), medición avanzada y programas de flexibilidad.
La rápida evolución de las tecnologías requiere soluciones escalables, capaces de adaptarse a las necesidades futuras. Además, el costo de implementación de estas nuevas tecnologías puede ser una barrera para algunas empresas, lo que hace necesario equilibrar la inversión inicial con el retorno de inversión a largo plazo.
Esto incluye el uso de técnicas de aprendizaje automático y análisis predictivo, que permiten modelar los comportamientos de consumo y producción. Por ejemplo, los modelos pueden prever la demanda de energía basándose en tendencias históricas y datos meteorológicos, lo que facilita una planificación proactiva de los recursos.
Infraestructura de respaldo y continuidad.
Antes de hablar de equipos concretos, conviene precisar el rol que juegan dentro del ecosistema de las smart grids. La digitalización del sistema eléctrico no se sostiene solo con software: requiere infraestructura física crítica para centros de datos, telecomunicaciones, subestaciones digitales y sitios industriales donde se procesan y resguardan los datos de la red. Ahí entra Secure Power —la capa de energía ininterrumpida, distribución y climatización de precisión que permite que los servicios digitales del sistema eléctrico sigan operando incluso ante apagones, fluctuaciones o tareas de mantenimiento.
● UPS modulares para misión crítica (Symmetra PX): sistemas trifásicos, escalables y redundantes utilizados en centros de datos y hubs de control; su arquitectura modular facilita mantenimiento y crecimiento sin detener la operación.
● UPS trifásicos de la línea Galaxy (p. ej., VX/VS/VL): soluciones para cargas industriales y de TI de alto consumo, habituales en data centers, plantas y campus donde la continuidad de proceso y la calidad de energía son determinantes.
● UPS monofásicos y de rack (p. ej., Smart-UPS SRT): protección en gabinetes de comunicaciones, salas técnicas y bordes de red (edge) que alojan servidores, routers y sistemas de medición/telemetría.
● Gestión y ciberseguridad del UPS (tarjetas y suscripciones NMC): supervisión remota y actualización segura del firmware para reducir superficie de ataque en la capa de energía. Estas soluciones no hacen la smart grid por sí mismas, pero la habilitan: permiten la operación continua de las plataformas de ADMS/DERMS, la conservación de bases de datos, las teleprotecciones y los sistemas de monitoreo que garantizan la calidad del servicio.
La digitalización del sistema eléctrico en México está en marcha, impulsada por la conectividad, la necesidad de integrar renovables y la demanda de una red más flexible. Pero este futuro no puede construirse sin asegurar la continuidad operativa en cada nodo del ecosistema. Hoy, el respaldo eléctrico ya no es un lujo técnico, sino una condición básica para garantizar la resiliencia de la red.























