Por Celeste Salas, Acclaim Energy
En los últimos años, el interés por migrar al Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) ha ido en aumento entre las empresas mexicanas. La promesa de reducir costos energéticos y ganar control sobre el suministro eléctrico resulta tentadora, pero el camino no siempre es tan directo como parece.
Mito 1: La transición al MEM es rápida y sencilla
Realidad:
Una de las principales sorpresas al migrar al MEM es la complejidad del proceso. No se trata simplemente de entregar documentos y esperar a que el nuevo suministrador se encargue de todo. La integración requiere una coordinación detallada con las autoridades, conocimiento de los procesos regulatorios, (incluyendo los reglamentos, manuales del mercado) y técnicos para dar cumplimiento con los requerimientos aplicables a los centros de carga
Mito 2: “Cualquier contrato es mejor que quedarse con CFE Suministro Básico”
Realidad:
Migrar al MEM sin una evaluación técnica de los contratos puede ser más costoso que quedarse donde estás. Muchos usuarios enfrentan dificultades al interpretar los modelos contractuales, los esquemas tarifarios, o los riesgos asociados a la volatilidad del mercado. No se trata solo de cambiar de proveedor, sino de entender cómo cada componente de la oferta impacta en tu operación.
Mito 3: “Los beneficios se obtienen de forma automática”
Realidad:
Los beneficios del MEM son reales, pero no automáticos. Empresas que han logrado ahorros importantes y mejoras en sostenibilidad han pasado por procesos rigurosos de análisis, licitación y seguimiento. La falta de información o la limitada comparación entre opciones pueden llevar a resultados poco favorables sobre todo si se hace fuera de tiempo. El mercado es cambiante y lo que pueda ser una buena opción en un momento no necesariamente es la mejor un tiempo después.
Mito 4: “Una vez que firmas el contrato, el trabajo está hecho”
Realidad:
El verdadero trabajo comienza después de firmar contrato con una empresa calificada de suministro energético. Ya dentro del MEM, las empresas deben validar continuamente sus facturaciones, entender las variaciones mensuales de los cargos regulados y resolver eventuales discrepancias con actores como CENACE, CFE o la CRE. La participación en el mercado es dinámica, y la supervisión constante es parte del nuevo modelo de gestión energética.
Mito 5: “Este mercado es igual para todos”
Realidad:
Cada usuario tiene una configuración particular de perfil de consumo, aversión al riesgo y necesidades operativas propias de su mercado. El enfoque que funciona para una planta industrial en el norte del país no es necesariamente adecuado para una cadena de tiendas que tiene sus centros de carga en el centro. La personalización de la estrategia es clave, y muchas veces subestimada.
¿Qué se puede aprender de esta experiencia?
Este caso deja claro que migrar al MEM sí vale la pena, pero también que hacerlo sin preparación puede generar frustración y pérdidas. A lo largo del proceso, quienes lo han recorrido destacan cuatro aprendizajes fundamentales:
1. No improvisar. El desconocimiento técnico puede llevar a firmar contratos desventajosos.
2. Comparar con metodología. Analizar ofertas desde una visión integral de precios, riesgos y servicios incluidos.
3. Acompañarse de expertos. El apoyo técnico y regulatorio hace una diferencia concreta en resultados y en la gestión post-firma.
4. Mantenerse activo. Estar en el MEM implica monitorear continuamente las condiciones del mercado y validar cada componente de facturación.
La transición al MEM representa una oportunidad real para mejorar la competitividad energética de las empresas, pero también exige conocimiento, preparación y visión estratégica. Como lo ha demostrado la experiencia de múltiples usuarios, no se trata solo de migrar, sino de construir una estrategia energética sólida, adaptada a cada operación.
En un entorno cada vez más dinámico y regulado, contar con expertos que comprendan la complejidad del mercado no es un lujo, sino una necesidad. El éxito en el MEM no ocurre por casualidad: es el resultado de decisiones bien informadas, acompañamiento técnico y una gestión activa, antes y después de firmar el contrato.





















