Por Idally Pedroza, Grupo Mictlán
En las últimas décadas, la transición energética global ha impulsado un despliegue acelerado de infraestructura renovable, principalmente parques solares fotovoltaicos y eólicos, tanto onshore como offshore. Con el objetivo de diversificar la matriz energética y reducir emisiones. Sin embargo, este crecimiento sin precedentes plantea retos técnicos, regulatorios y financieros que deben atenderse con visión de ciclo de vida para evitar que estos activos se conviertan en pasivos.
En el norte de México, una planta solar que prometía energizar más de 50,000 hogares fue abandonada tras apenas una década de operación. ¿El motivo? Errores técnicos invisibles al momento de su compra.
Casos como este no son la excepción, sino una advertencia.
Un estudio publicado en Energy for Sustainable Development en abril de este año, advierte que aún no existen estimaciones confiables del volumen global de instalaciones renovables abandonadas, aunque se prevé un aumento acelerado conforme maduren los activos que superen las tres décadas de operación. El abandono prematuro de proyectos obedece a factores como obsolescencia tecnológica, deficiencias en planes de desmantelamiento, vacíos normativos y, de forma crítica, fallas en la evaluación integral del emplazamiento desde la planeación o durante etapas de transición administrativa.
La transición energética no perdona improvisaciones
En este contexto, la reciente salida estratégica de Iberdrola del mercado mexicano, y la absorción de sus activos por parte de Cox Energy, ofrece una referencia clave para reflexionar sobre la importancia de mitigar riesgos técnicos, regulatorios y ambientales mediante procesos de due diligence robustos y verificables.
Desde Grupo Mictlán, compartimos esta reflexión con base en nuestra experiencia internacional en estudios geotécnicos, estructurales y regulatorios para activos de generación y transmisión. El caso Iberdrola–Cox Energy, revisado bajo el prisma de la transición global, subraya la relevancia de articular auditorías técnicas exhaustivas y planes de modernización realistas para prolongar la viabilidad operativa de plantas existentes. Iberdrola, uno de los actores privados más influyentes del sector eléctrico mexicano, inició en 2023 la desinversión de su portafolio de generación, transfiriendo activos primero a CFE y más recientemente a Cox Energy. Esta operación implica no solo la continuidad operativa de instalaciones de ciclo combinado, cogeneración y renovables, sino también la responsabilidad de sostener su rentabilidad y cumplimiento ambiental en un mercado cada vez más exigente.
Iberdrola–Cox: una lección de herencia energética
En este escenario, la ejecución de estudios técnicos de soporte adquiere una relevancia crítica. Estos permiten validar la idoneidad del sitio, optimizar diseños estructurales, anticipar riesgos geotécnicos, prevenir fallas en cimentaciones y maximizar la vida útil de la infraestructura. Un aspecto relevante es que buena parte de estos activos cuentan con contratos, permisos y componentes que se aproximan o superan la vida útil de diseño, estimada entre 20 y 30 años. Por ello, su continuidad requiere inspecciones detalladas de estructuras, subestaciones, sistemas de interconexión y factibilidad de repotenciación o reconversión tecnológica.
Para blindar la inversión y no comprometer la viabilidad financiera de largo plazo, toda compañía (emergente o consolidada), debería priorizar tres ejes mínimos:
Primero, poner empeño en la auditoría técnica integral. Con el objetivo de verificar el estado físico real de cada planta considerando tipo de tecnología, eficiencia térmica, emisiones, factor de planta y cumplimiento de normas ambientales actuales y futuras. Incluso compañías con buena reputación internacional pueden
enfrentar desafíos técnicos inesperados si no se revisa la compatibilidad de sus sistemas eléctricos, automatización y derechos de transmisión vigentes.
Tres pasos para evitar que la inversión se vuelva pasivo
Después, desarrollar un plan de CapEx y OpEx realista. Es imprescindible, estimar costos reales de mantenimiento mayores y necesidades de modernización a corto, mediano y largo plazo. No se trata de poner en tela de juicio la capacidad operativa de la compañía saliente, sino de asumir con responsabilidad técnica las demandas actuales y futuras de un sistema eléctrico que evoluciona constantemente. Y no menos importante es establecer escenarios regulatorios y financieros.
Anticipar costos crecientes por cambios normativos, subsidios o disponibilidad de combustibles, así como renegociaciones de PPAs y derechos de interconexión para asegurar el despacho eficiente de la energía generada, por ejemplo.
La experiencia internacional demuestra que ignorar estos principios puede tener consecuencias graves. El caso de la planta de ciclo combinado a carbón Kemper County IGCC Project, en Mississippi (EE. UU.), ilustra un fracaso paradigmático:
Fue concebida como pionera en gasificación de carbón con captura de CO₂, superó los USD 7,500 millones de inversión y resultó inviable debido a la sobreestimación de rendimientos tecnológicos, además de la ausencia de auditorías técnicas independientes en etapas críticas. Los problemas operativos forzaron su reconversión parcial y depreciación acelerada, generando pérdidas millonarias y procesos legales prolongados.
Otro ejemplo contundente es China, líder mundial en capacidad instalada de generación renovable, que enfrenta tasas preocupantes de abandono. Según datos de la IEEE Conference on Energy Internet and Energy System Integration (2018), la energía eólica no aprovechada alcanzó los 49.6 mil millones de kWh, mientras que la energía solar abandonada superó los 7,300 millones de kWh. Factores como el desajuste entre puntos de generación y centros de consumo, junto con infraestructura de transmisión insuficiente, explican en gran parte este fenómeno.
En México, el Parque Eólico “La Rumorosa I” en Baja California, desarrollado por la Comisión Estatal de Energía (CEE) de ese estado, se presentó en 2010 como un proyecto insignia de energía limpia. Sin embargo, tras más de una década, varias de sus turbinas se encuentran fuera de operación. Informes locales señalan fallas técnicas, deficiencias en mantenimiento y una falta de inversión en modernización como principales causas. Lo más preocupante es que, al tratarse de un proyecto estatal, los costos del abandono recaen directamente en los contribuyentes. Este caso subraya cómo la falta de una estrategia de repotenciación y de auditorías técnicas periódicas puede erosionar incluso los proyectos con mayor respaldo político y social.
Casos globales: cuando el futuro colapsa
Frente a estos precedentes, la experiencia mexicana con el caso Iberdrola–Cox Energy merece una lectura objetiva. Reconocemos la solidez de la operación y auguramos el éxito de esta alianza, pero es imprescindible destacar que ningún activo energético está libre de riesgos técnicos o regulatorios. La complejidad de la transición energética radica no solo en construir nueva capacidad renovable, sino en garantizar que los activos heredados mantengan su integridad operativa, ambiental y financiera.
En Grupo Mictlán creemos que el caso Iberdrola–Cox Energy ofrece una oportunidad para abrir el diálogo sobre una dimensión muchas veces relegada de la transición energética: la gestión técnica, legal y ambiental del legado operativo.
El reto no termina en la adquisición o integración de activos; empieza con la vigilancia rigurosa de su ciclo de vida y culmina en la capacidad de repotenciar, modernizar o desmantelar de forma responsable.
Hoy más que nunca, la industria necesita actores comprometidos con auditorías técnicas profundas, diseños estructurales sólidos y estrategias realistas de inversión y operación. Desde nuestra experiencia en ingeniería geotécnica, estructural y consultoría energética, reiteramos nuestra convicción: la mejor energía es aquella que se planea, se ejecuta y se mantiene con rigor técnico, apertura regulatoria y compromiso social.
En Mictlán seguiremos atentos, aportando conocimiento y soluciones para que la transición energética, en México y en la región, avance con paso firme y sostenible. Sabemos que cada activo heredado exige rigor técnico y decisiones bien respaldadas; por ello, sumamos nuestra experiencia internacional para acompañar a quienes lideran este proceso, asegurando que cada paso se construya sobre cimientos sólidos y visión de largo plazo.
México tiene la oportunidad de hacerlo bien. La transición energética no será sostenible si seguimos ignorando la raíz técnica de nuestros activos. Es momento de exigir que cada megawatt venga con cimientos revisados, contratos auditados y un compromiso real con el futuro del país.
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