Por Idally Pedroza | Grupo Mictlán
El crecimiento acelerado de los centros de datos asociados al desarrollo de la inteligencia artificial está introduciendo una nueva categoría de demanda eléctrica intensiva que comienza a reconfigurar la planeación de los sistemas eléctricos a nivel global. A diferencia de otras cargas industriales tradicionales, estas instalaciones operan de forma continua, con perfiles de consumo prácticamente planos y densidades energéticas sin precedentes. Este fenómeno no solo está impulsando nuevas inversiones en generación y transmisión, sino que también está obligando a replantear la forma en que se asignan los costos de expansión del sistema eléctrico.
A diferencia de otras cargas industriales, los centros de datos operan con perfiles prácticamente planos. Un campus de gran escala puede demandar entre 100 y 500 MW por instalación (equivalente al consumo de una ciudad media como Villahermosa o las zonas urbanas de Cancún) con factores de carga que oscilan entre 85% y 95%. En el caso de cargas específicas de inteligencia artificial, el consumo energético por rack puede superar los 30–50 kW, frente a los 5–10 kW tradicionales, lo que incrementa de manera exponencial la densidad energética por metro cuadrado.
Esta tendencia es reforzada por las proyecciones globales. De acuerdo con la International Energy Agency, el consumo eléctrico de los centros de datos, redes y criptomonedas se ubicó en torno a los 460 TWh en 2022 y podría superar los 1,000 TWh hacia 2026, impulsado principalmente por el crecimiento de la inteligencia artificial generativa. Solo en Estados Unidos, se estima que los centros de datos podrían representar entre 6% y 9% del consumo eléctrico total hacia el final de la década, frente a niveles cercanos al 4% en la actualidad.
Querétaro atractivo para Centros de Datos para IA, pero urge garantizar suministro de energía
Este crecimiento no solo es volumétrico, sino estructural. La concentración geográfica de centros hyperscale genera nodos de demanda altamente localizados que pueden superar la capacidad de infraestructura existente. En mercados como Estados Unidos, esto se traduce en presiones directas sobre precios marginales nodales, congestión en transmisión y aceleración de inversiones en generación firme.
A este respecto, operadores como PJM Interconnection, el mayor mercado eléctrico mayorista delmundo con más de 180 GW de capacidad instalada o ERCOT, que gestiona aproximadamente el 90% de la carga eléctrica de Texas con una capacidad superior a 85 GW, han comenzado a integrar estas nuevas cargas bajo esquemas donde el principio de cost causation se vuelve central, puesto que quien detona la necesidad de inversión en infraestructura debe internalizar esos costos.
Bajo este principio, la expansión del sistema eléctrico deja de ser tratada como un costo socializado y pasa a ser considerada una inversión inducida por demanda específica. En la práctica, esto ha llevado a que desarrolladores de centros de datos participen activamente en el financiamiento de infraestructura energética dedicada, incluyendo subestaciones, refuerzos de transmisión y contratos de suministro energético a largo plazo.
Buscando analizar la ventaja o desventaja de este planteamiento, suponiendo que quisiéramos trasladar este modelo al caso mexicano exige un análisis mucho más profundo que una simple extrapolación.
México cuenta con una capacidad instalada de generación eléctrica superior a los 90 GW, con una demanda máxima que ronda los 50–55 GW en picos estacionales. A primera vista, el país no enfrenta un problema de insuficiencia estructural de generación. Sin embargo, la capacidad instalada no necesariamente se traduce en disponibilidad efectiva de energía en todos los nodos del sistema. La realidad operativa del sistema eléctrico mexicano está fuertemente condicionada por limitaciones en la red de transmisión, congestión regional y tiempos prolongados para la expansión de infraestructura crítica. En este contexto, el verdadero desafío no es la cantidad de generación instalada, sino la capacidad del sistema para entregar energía confiable en el lugar y momento donde se requiere.
El sistema es operado por CENACE bajo un mercado eléctrico mayorista que, si bien fue diseñado para introducir competencia, hoy opera dentro de un entorno regulatorio donde Comisión Federal de Electricidad mantiene un rol predominante. Esta dualidad limita la flexibilidad con la que grandes consumidores pueden estructurar soluciones energéticas propias, particularmente en lo que respecta a interconexión, contratos de largo plazo y desarrollo de infraestructura dedicada.
Eficiencia energética, clave en la sostenibilidad de los centros de datos
El caso de Querétaro sintetiza esta complejidad. En la última década, el estado se ha consolidado como el principal hub de centros de datos en América Latina, concentrando más del 60% de la capacidad instalada del país. Se estima que la capacidad operativa en la región ya supera los 300 MW, con proyectos en desarrollo que podrían duplicar esta cifra en los próximos cinco años. Este fenómeno no es exclusivo de México. Regiones que han experimentado una rápida concentración de centros de datos, como Northern Virginia en Estados Unidos, Phoenix en Arizona o Dublín en Irlanda, han enfrentado desafíos similares relacionados con saturación de redes eléctricas, presión sobre infraestructura de transmisión y necesidad de inversiones aceleradas para acompañar el crecimiento de la demanda digital.
Empresas como Amazon Web Services, Microsoft y Google han elegido Querétaro por una combinación de factores difícilmente replicable en otras regiones: proximidad al principal nodo de intercambio de tráfico del país, latencias inferiores a 5–10 milisegundos hacia la Ciudad de México, disponibilidad de suelo industrial y un entorno relativamente estable en términos de seguridad y operación.
Desde la perspectiva energética, Querétaro ofrecía inicialmente una ventaja crítica como el acceso a infraestructura existente con capacidad disponible, la cercanía a corredores de gas natural conectados a sistemas como “Los Ramones” y la presencia de centrales de ciclo combinado en el Bajío permitieron habilitar el crecimiento inicial de estos desarrollos.
No obstante, esta ventana de oportunidad se está viendo comprometida, debido a la rápida incorporación de cargas de alta densidad ha comenzado a saturar la infraestructura de transmisión regional. De acuerdo con estimaciones del sector, nuevos proyectos de centros de datos en la región enfrentan tiempos de espera de entre 24 y 36 meses para obtener capacidad firme de interconexión, condicionados a la ejecución de obras de refuerzo en la red. En términos prácticos, esto significa que el factor limitante ya no es la inversión privada en centros de datos, sino la capacidad del sistema eléctrico para acompañar ese crecimiento.
A esta presión se suma el factor hídrico. Un centro de datos de gran escala puede consumir entre 1 y 5 millones de litros de agua al día dependiendo de su tecnología de enfriamiento. En una región como el Bajío, donde la disponibilidad hídrica es limitada y la sobreexplotación de acuíferos es un problema estructural, este elemento introduce una restricción adicional que trasciende lo energético y se inserta en la agenda de sostenibilidad territorial.
Frente a este panorama, la idea de exigir a los centros de datos que desarrollen su propia capacidad energética como se está planteando en ciertos mercados de Estados Unidos; adquiere una lógica aparente, pero enfrenta obstáculos significativos en México. La viabilidad de esquemas de autoabastecimiento moderno depende de variables críticas; certidumbre regulatoria, acceso a permisos, claridad en reglas de interconexión y viabilidad de contratos de largo plazo.
Desde el punto de vista técnico, las soluciones existen. Arquitecturas híbridas que combinan generación renovable, almacenamiento en baterías (BESS) y respaldo con gas natural pueden ofrecer niveles de confiabilidad compatibles con cargas de misión crítica. De hecho, en mercados más avanzados, estos esquemas ya están reduciendo la dependencia de la red y mejorando la resiliencia operativa. En mercados donde estas arquitecturas han comenzado a consolidarse, los centros de datos están evolucionando de ser simples consumidores de energía a convertirse en nodos energéticos activos capaces de interactuar dinámicamente con el sistema eléctrico, participando en esquemas de respuesta a la demanda, gestión de carga e incluso provisión de servicios auxiliares.
El principal obstáculo en México no es tecnológico, sino sistémico.
La viabilidad de esquemas energéticos avanzados depende de factores como certidumbre regulatoria, claridad en los procesos de interconexión, acceso a contratos de suministro a largo plazo y capacidad institucional para coordinar inversiones en infraestructura eléctrica. La diferencia fundamental con Estados Unidos radica en la capacidad institucional para coordinar inversiones y asignar costos. Mientras que en mercados como PJM o ERCOT los costos de expansión pueden ser trasladados de manera relativamente eficiente a quienes los detonan, en México la estructura tarifaria y la centralización del sistema dificultan esta asignación, generando riesgos de subsidios cruzados y distorsiones económicas.
Esto tiene implicaciones profundas. Si el crecimiento de centros de datos continúa sin una planeación energética integrada, México podría enfrentar un escenario donde la expansión digital se traduzca en mayores costos sistémicos, presión sobre la confiabilidad del sistema (aún no resueltos) y retrasos en proyectos estratégicos.
La discusión, por tanto, no debe centrarse únicamente en quién paga la energía, sino en cómo se diseña el ecosistema energético que soporta esta nueva demanda. La disponibilidad energética ya no es una variable binaria, no se trata de tener o no tener energía, sino de un atributo multidimensional que incluye capacidad, calidad, redundancia, ubicación y tiempo de entrega.
Más allá de la disponibilidad energética, existe otro componente crítico que con frecuencia pasa desapercibido en el debate público: la calidad del suministro eléctrico. Para instalaciones de alta densidad tecnológica como los centros de datos, contar con energía disponible no es suficiente; es igualmente indispensable que el suministro cumpla condiciones estrictas de estabilidad y confiabilidad eléctrica.
En este punto, la discusión sobre disponibilidad energética debe ampliarse hacia un componente frecuentemente subestimado: la calidad de la energía. En el contexto mexicano, el cumplimiento del Código de Red se vuelve particularmente relevante para cargas de alta densidad como los centros de datos. Estas instalaciones, debido a su perfil operativo continuo y a la alta concentración de equipos electrónicos sensibles, no solo demandan suministro, sino condiciones estrictas de estabilidad en parámetros como tensión, frecuencia, factor de potencia y distorsión armónica.
Desde una perspectiva técnica, los centros de datos pueden comportarse como cargas altamente no lineales, introduciendo perturbaciones que, si no son mitigadas mediante soluciones de ingeniería especializada; como sistemas de compensación reactiva, filtros armónicos o esquemas avanzados de calidad de energía que pueden generar incumplimientos regulatorios y afectar tanto su propia operación como la estabilidad del sistema eléctrico al que están conectados.
En este sentido, el Código de Red deja de ser un requisito normativo para convertirse en un elemento de diseño. La integración de estos criterios desde etapas tempranas de planeación permite no solo asegurar cumplimiento, sino optimizar la interacción entre infraestructura digital y sistema eléctrico, reduciendo riesgos operativos, costos asociados a penalizaciones y necesidades de reconversión técnica en fases posteriores.
Eficiencia energética en era de la IA: así se transforman los centros de datos
En este contexto, soluciones como microredes, almacenamiento, generación distribuida y gestión avanzada de la demanda dejarán de ser herramientas complementarias para convertirse en elementos estructurales del sistema.
México se encuentra en un punto de inflexión. El país tiene la oportunidad de capturar una parte relevante del crecimiento global de infraestructura digital, particularmente en el contexto del nearshoring. Sin embargo, esta oportunidad está condicionada a la capacidad de adaptar su marco regulatorio, fortalecer su infraestructura eléctrica y coordinar de manera efectiva a los distintos actores del sector. La proximidad geográfica con Estados Unidos, el crecimiento del nearshoring industrial y la expansión de infraestructura digital en América del Norte posicionan a México como un candidato natural para albergar una parte significativa del crecimiento futuro de centros de datos en la región. No obstante, capturar esta oportunidad dependerá de la capacidad del país para alinear planeación energética, regulación y desarrollo de infraestructura.
Desde la perspectiva de la ingeniería especializada, el reto es aún más amplio. No se trata únicamente de habilitar suministro, sino de anticipar impactos, modelar escenarios complejos y estructurar soluciones que alineen viabilidad técnica, cumplimiento regulatorio y rentabilidad financiera.
La expansión de la inteligencia artificial está generando una transformación profunda en la forma en que se conciben los sistemas eléctricos modernos. Los centros de datos ya no representan únicamente infraestructura digital; se han convertido en uno de los principales impulsores de nuevas inversiones energéticas, cambios regulatorios y rediseño de redes eléctricas a escala global.
En este nuevo contexto, la ingeniería energética deja de ser un componente meramente operativo para convertirse en un habilitador estratégico de la economía digital. La capacidad de anticipar impactos, modelar escenarios complejos y diseñar soluciones energéticas resilientes será determinante para sostener el crecimiento tecnológico de las próximas décadas.
México aún se encuentra a tiempo de posicionarse dentro de esta nueva geografía de infraestructura digital. Pero hacerlo requerirá algo más que capacidad instalada; exigirá coordinación institucional, visión sistémica y una ejecución técnica capaz de acompañar la escala y velocidad de la transformación tecnológica que ya está en marcha.
Idally Pedroza | [email protected]





















