Por Alejandro Preinfalk, presidente y CEO de Siemens México, Centroamérica y el Caribe
Durante más de medio siglo, la maquiladora fue el gran motor del desarrollo industrial en México. Una tendencia que representó el primer gran salto industrial con movimientos que permitieron al país una integración a cadenas globales, empleo masivo, transferencia tecnológica básica y una narrativa clara de progreso.
Hoy, ese modelo enfrenta una nueva frontera: la de la robótica avanzada, la inteligencia artificial, digitalización end‑to‑end y sistemas autónomos. Y aunque México está mejor posicionado que nunca, la pregunta clave ya no es si la transformación ocurrirá, sino quiénes lograrán cruzar ese umbral.
Un reciente estudio de Latinometrics, en colaboración con Siemens, muestra que más del 20% de las empresas manufactureras en México ya utiliza robótica avanzada, rompiendo la narrativa de un país seguidor y confirmando su papel como potencia industrial emergente.
Lo anterior es corroborado por World Robotics Report 2025, que señala más de 4.6 millones de unidades en operación en 2024, con México destacando en América por su crecimiento relativo, impulsado por sectores como automotriz, electrónicos, maquinaria y alimentos.
Sin embargo, esta adopción es desigual y segmentada. Las empresas grandes ya están jugando en el nuevo juego, mientras que muchas Pequeñas y Medianas Empresas (PyME) apenas siguen en la versión anterior.
El subsector de equipo de transporte lidera la adopción de robótica avanzada, incluso dentro del universo PyME. Un área que lleva en México más de 30 años expuesto a estándares globales de calidad, productividad, trazabilidad y, más recientemente, descarbonización. En otras palabras, la robótica avanzada —visión artificial, robots colaborativos, automatización flexible— no es un lujo para este sector de empresas y este modelo podría, y debería, replicarse en sectores como plásticos, equipos eléctricos, maquinaria y alimentos.
Pero robótica ya no significa solo automatizar. México empieza a transitar hacia la inteligencia operativa, incorporandogemelos digitales y entornos virtuales que permiten simular millones de escenarios antes de tocar un activo físico, reduciendo en promedio 15% los costos operativos y el time‑to‑market. Para un país como México que compite por atraer inversión extranjera y proyectos de nearshoring, esta capacidad es crítica. No se trata solo de producir barato, sino deproducir rápido, bien y con resiliencia.
México ya superó la automatización básica, pero aún enfrenta el reto de una transformación industrial homogénea. La siguiente etapa exige digitalización incremental, colaboración entre grandes y pequeños, integración real entre I+D y manufactura; así como una narrativa aspiracional para el talento.
La maquila fue la primera revolución industrial del país. La robótica avanzada puede ser la segunda. El verdadero éxito no se medirá por el número de robots instalados, sino por la capacidad del país de convertir datos, talento y tecnología en una ventaja competitiva sostenible.
Te invito a profundizar en estas perspectivas industriales en el podcast: Transformando el futuro, hoy, donde exploramos cómo la tecnología y la visión estratégica están redefiniendo la industria en México.




















